Se analiza la sorpresiva caída de Nicolás Maduro en Venezuela, un evento que Estados Unidos calificó como la "sustracción de un criminal" más que una invasión militar.
Se destaca la estrategia estadounidense de utilizar élites políticas locales para controlar el país en lugar de ocupaciones, y un cambio de enfoque hacia intereses mercantilistas como la extracción de recursos naturales (petróleo en Venezuela, litio en Ucrania), distanciándose de la promoción de la democracia de décadas pasadas.
Se critica fuertemente la falta de organización de la oposición venezolana durante 25 años, considerándola "testimonial" y sin la capacidad de liderazgo necesaria, ejemplificado con figuras como María Corina Machado. Se trazan paralelos con la oposición en México, la reforma judicial y los desafíos del populismo, sugiriendo la necesidad de autocrítica y conexión emocional con la ciudadanía.
Asimismo, se aborda la percibida pérdida de relevancia de organismos internacionales como la ONU y la OEA, con Estados Unidos actuando unilateralmente. Respecto a México, se explora la amenaza latente de la lucha contra el fentanilo y los "narcopolíticos", aunque se considera improbable una intervención militar directa debido al riesgo de desestabilización fronteriza. La conclusión es que Estados Unidos empleará su poder de manera estratégica, con amenazas creíbles (como el "madurazo"), para lograr sus objetivos sin necesidad de usar la fuerza total.