Europa y Estados Unidos han entrado en una pugna abierta por el futuro de Groenlandia, la vasta isla del Ártico gobernada por Dinamarca donde esta semana comenzaron a movilizarse tropas de países aliados como parte de un ejercicio militar conjunto denominado ‘Operación Resistencia Ártica’.
El detonante ha sido la reiterada insistencia del presidente estadounidense Donald Trump en abrir negociaciones para adquirir o controlar Groenlandia, algo que Dinamarca y la Unión Europea han rechazado, considerando cualquier intento de cesión de soberanía como “una línea roja”.
La tensión escaló cuando varios países europeos anunciaron el envío de personal militar a Groenlandia, coordinándose con Copenhague para reforzar la seguridad en el norte del continente y participar en maniobras conjuntas.
Suecia, Francia, Alemania, Noruega, Reino Unido, Finlandia y otros aliados expresaron su apoyo a Dinamarca, mostrando su disposición a consolidar su presencia en la región en respuesta a las presiones estadounidenses.
Las ambiciones de Trump sobre la isla no tardaron en movilizar a los miembros de la OTAN, creando así la llamada ‘Operación Resistencia Ártica’, un conjunto de maniobras militares y despliegues coordinados por Dinamarca, con el apoyo de aliados europeos, para reforzar la presencia en Groenlandia y el Ártico.
Su objetivo declarado es fortalecer la seguridad en esa región, practicar la defensa en condiciones extremas y enviar un mensaje de unidad frente a las presiones de Estados Unidos y la administración de Donald Trump.
Países como Francia y Alemania han subrayado que su participación no busca confrontar militarmente a Washington, sino demostrar que Europa se toma en serio su papel en la seguridad de la isla. Francia ha mencionado que esta operación incluye medios terrestres, marítimos y aéreos para asegurar la defensa colectiva en el norte.
Suecia, por su parte, decidió recientemente retirar a sus oficiales enviados a Groenlandia tras finalizar una fase exploratoria de la misión, aunque enfatizó que “no abandona su compromiso” con la seguridad ártica y que seguirá planificando su participación en futuras maniobras.
Dinamarca también ha reforzado su presencia militar de manera independiente, desplegando unidades de élite en zonas clave de Groenlandia como parte de una estrategia para asegurar el territorio ante cualquier eventualidad.
La respuesta de Trump a estas movilizaciones incluyó amenazas de imponer aranceles del 10 por ciento —y hasta del 25 por ciento a partir de junio— sobre bienes europeos si no se llegaba a un acuerdo para la adquisición de Groenlandia, lo que provocó una rápida reacción de la UE para explorar mecanismos de respuesta económica colectiva.
Desde el Foro Económico Mundial en Davos, Trump insistió en que Estados Unidos “está obligado” a garantizar la seguridad de Groenlandia ante amenazas externas, en particular de Rusia y China, aunque aseguró que no recurriría a la fuerza para anexarla.
Los ánimos en el centro de convenciones -y en los mercados financieros- se calmaron cuando aseguró que descarta la opción militar para hacerse con Groenlandia, aunque usó el término “nuestro territorio” para referirse a la isla e instó a llevar a cabo “negociaciones de inmediato”.
“Pueden decir que sí (a la anexión) y lo agradeceremos mucho. O pueden decir que no, y lo recordaremos”, dijo Trump dirigiéndose a las autoridades en Copenhague.
También se refirió erróneamente a Groenlandia como “Islandia” hasta en cuatro ocasiones durante su intervención, en la que aseguró que su país nunca ha “recibido nada a cambio” de la OTAN y ha llegado a pagar el 100 por ciento de su presupuesto.
Fue tras un encuentro bilateral posterior -en el que aprovechó para desairar al canciller danés, Lars Løkke Rasmussen- con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, cuando Trump anunció en redes sociales que no aplicaría aranceles al alcanzar un “marco de acuerdo” con la Alianza Atlántica sobre Groenlandia del que no dio detalles.
Con información de EFE.

