En el 2005, Juan Enríquez Cabot publicó el libro “Cuánto el Futuro te Alcanza”. En términos simples, Enríquez Cabot proponía que quienes no fueran capaces de hablar el lenguaje de nuevas tecnologías, en especial la genómica, iban a sufrir los efectos de la disrupción. Las opciones eran claras: aprender a surfear las olas de cambio tecnológico o dejarse aplastar tratando de detenerlas. Pareciera que estoy exagerando, ¿Cierto? Pues no. La evidencia muestra que es el cambio tecnológico, y no las crisis económicas, el mayor responsable de la muerte de empresas que una vez fueron exitosas. Los casos abundan: US Steel con Nucor, Blockbuster con Netflix, Polaroid con cámaras digitales, Nokia con el iPhone.
Una investigación de Bank of America Global Research mostró que la aceleración del cambio tecnológico terminó con los tiempos en que las grandes empresas podían protegerse con base en el tamaño y los éxitos pasados. Algunos datos: la edad promedio de las empresas del S&P 500 durante la primera mitad del siglo XX era de 67 años. Para la década de los 80 era de 25,5 años y bajó a 21,5 años en la década del 2010. Hoy es de 18,3 años. Es decir, gran parte de las empresas más valiosas del mundo de hoy no existían en el año 2005.
Cuando hablamos de organizaciones “a prueba de futuro”, hablamos de aquellas que han surfeado el cambio tecnológico y gestionado la complejidad que viene de la mano con el crecimiento. De acuerdo con un estudio publicado por el Banco de Corea en 41 países, existen poco menos de 6.000 empresas con más de 200 años. De ellas, el 56% son japonesas, el 15% alemanas, el 4% de los Países Bajos, y el 3% de Francia. Al estudiar las cerca de 21.000 empresas con más de 100 años de antigüedad, el 89% tiene equipos con menos de 300 personas.
¿Qué podemos aprender de esto? Primero, para surfear las olas de los cambios tecnológicos, es mejor estar dentro de quienes los crean fijando una meta que parece imposible de lograr, aun sin tener claro el cómo alcanzarla. Segundo, independientemente del tamaño de una organización, la mejor estrategia es disminuir su complejidad al gestionarse en torno a unidades pequeñas.
Tercero, se ha demostrado que la mejor manera de hacer frente a los cambios es instaurar un comportamiento organizacional de cambio y transformación constante.
Cuando escucho a ejecutivos decir que prefieren “no estresar” a las organizaciones al someterlas a cambios, no dejo de pensar en lo artificiales y sin sentido de estas decisiones. ¿Por qué artificiales? Porque sabemos que lo único constante es el cambio, y que el cambio se está volviendo cada vez más rápido y frecuente. Sabemos que el impacto en destrucción creativa de este cambio es cada vez mayor. Sabemos además que este cambio es creado por innovación, y que la mayor parte de la innovación de mayor disrupción viene de quienes no son expertos en nuestros temas.
En innovación, la experiencia no funciona como un activo, sino más bien como un ancla. Organizaciones a prueba de futuro han generado capacidad de innovar y transformarse con creatividad en torno a un propósito de largo plazo, y de aprender a alcanzarlo ajustando dirección, estructura y tecnologías en el camino. Las organizaciones a prueba de futuro son aquellas que han aprendido a internalizar lo anterior como una manera de vivir el día a día, y no en torno a proyectos de transformación. Son organizaciones donde al menos un 30-50% de sus ingresos vienen de ofertas de valor con menos de 5 años en el mercado, porque han hecho del cambio una estrategia de desarrollo y sobrevivencia.
En la Argentina tenemos algo muy a favor: estamos acostumbrados a vivir el cambio, riesgo, incertidumbre y ambigüedad política y económica. Eso lo hemos aplicado para tener excelentes capacidades de adaptación y manejo financiero. Ahora tenemos que comenzar a aplicarlo al desarrollo de nuevas tecnologías y, como decimos en la Iniciativa de Innovación de Futuros de San Andrés, comenzar a “prototipar el futuro”.


