El gobierno de Estados Unidos ordenó el martes la salida de Arabia Saudita del personal diplomático no esencial y sus familias, en respuesta a la amenaza creciente que representa la campaña de represalias iraní en el Golfo Pérsico. La decisión del Departamento de Estado llegó horas después de que dos drones atacaran la embajada estadounidense en Riad, causaran un incendio limitado y obligaran al personal a refugiarse en el interior del complejo. No se registraron víctimas, según confirmó el Ministerio de Defensa saudí, pero la agresión contra suelo diplomático marcó una nueva escalada en el conflicto abierto el 28 de febrero con los bombardeos conjuntos de Washington e Israel sobre Irán.
La orden de evacuación no se limitó a Arabia Saudita. El Departamento de Estado extendió la medida a Kuwait, Baréin, Irak, Catar, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, en un movimiento que refleja la magnitud de la amenaza percibida en toda la región. La embajada en Kuwait, que también sufrió un ataque, cerró de forma indefinida. Paralelamente, la secretaria adjunta de Estado para Asuntos Consulares, Mora Namdar, instó a los ciudadanos estadounidenses a abandonar de inmediato catorce países, entre ellos Arabia Saudita, Israel, Líbano, Siria y Yemen, por “graves riesgos para su seguridad”.
La sede diplomática en Riad emitió alertas de refugio para los estadounidenses presentes en Riad, Yeda y Dammam, y restringió los desplazamientos no esenciales a instalaciones militares en la zona. El Ministerio de Defensa saudí confirmó que sus defensas aéreas interceptaron cuatro drones dirigidos al Barrio Diplomático de la capital, y en una segunda oleada derribaron ocho proyectiles adicionales cerca de Riad y Al-Kharj, según informó el portavoz militar mayor general Turki al-Malki.
Arabia Saudita condenó los ataques en los términos más firmes. El Ministerio de Exteriores calificó las agresiones de “descaradas y cobardes” y recordó que el Reino había comunicado a Teherán que no toleraría el uso de su territorio ni de su espacio aéreo como corredor para atacar Irán. La advertencia no disuadió a la República Islámica, que extendió su campaña a objetivos energéticos: Saudi Aramco tuvo que detener operaciones en su refinería de Ras Tanura tras el incendio causado por los restos de un proyectil iraní en uno de los mayores complejos de procesamiento de crudo del mundo.
Las evacuaciones diplomáticas se producen en el cuarto día de un conflicto que ya causó más de 1.000 muertos en Irán, según la Media Luna Roja iraní, además de once en Israel, 52 en Líbano y seis militares estadounidenses confirmados por el Mando Central de EEUU. El OIEA informó que el sitio de enriquecimiento de Natanz sufrió “daños recientes”, aunque descartó consecuencias radiológicas. El general de brigada iraní Ebrahim Jabbari, asesor de la Guardia Revolucionaria, declaró cerrado el estrecho de Ormuz y advirtió que cualquier buque que lo cruzara “sería incendiado”, lo que disparó los precios del crudo en los mercados internacionales.
El presidente Donald Trump prometió responder “pronto” al ataque contra la embajada y a la muerte de soldados estadounidenses, y reconoció que la operación militar podría prolongarse más allá de las cuatro o cinco semanas previstas. La muerte del líder supremo Alí Khamenei en un ataque selectivo el fin de semana dejó la cadena de mando iraní en una incertidumbre que, lejos de frenar las represalias, parece alimentarlas, sin que ninguna de las partes haya señalado hasta ahora una vía de salida negociada.
(Con información de AFP)


