Los años pasan y las voces de millones de personas alrededor del mundo no ceden. Exigen desde todas las trincheras ser escuchadas, miradas y, a su vez, comprendidas. Comprender no significa que exista un “saber” o un “discurso” que reconozca que algo está “ahí” dispuesto; comprender implica un acto responsable y ético de quienes observan, gobiernan, interactúan, organizan y participan en el funcionamiento de una sociedad.
Así, comprender implica un acto de responsabilidad compartida, donde reconocer que una mujer tiene derecho a vivir en una sociedad sin miedo, con oportunidades para desarrollarse, expresarse, reproducirse o no, manifestarse y, sobre todas las cosas, hacer lo que desea sin estar expuesta a las múltiples violencias que la rodean. Esta marcha, a mi parecer, no se ha tratado de luchar contra las injusticias de la justicia, sino que dirige sus anhelos a algo más profundo y complejo: transformar las relaciones que construimos socialmente, donde todos, todas y todes formamos parte. Sí, este movimiento que inicia por un grito desesperado y un ¡ya basta! no se resigna solo a una legitimación, a un reconocimiento de las instituciones o a cambios o inclusión de categorías y vocabularios.
Tampoco se consuela por la apertura de espacios donde se “debe incluir” a las mujeres; todo lo contrario. Es un movimiento que nos recuerda que el ser mujer en nuestros días no se conforma con el reconocimiento formal de un derecho, sino con verdaderamente fomentar una justicia social e igualdad real y sustantiva, donde las condiciones de vida y los derechos sean accesibles para todas.
Hoy nos enfrentamos a retos importantes: trabajar cada vez más en materia de equidad, igualdad —en su pluralidad de diferencias—, respeto, dignidad y derechos humanos; exigir un rotundo no a las violencias y la discriminación, pero sobre todo reconocer nuestras capacidades de poder ser y hacer. Ser mujer en nuestro tiempo exige reflexiones que se reflejen y concreten en acciones claras que no cedan terreno para acceder a una autonomía plena y una justicia real en todas sus formas, asumiendo sensiblemente nuestras diferencias, capacidades y contextos. No olvidemos que saber no es comprender.
Hoy, comprender lo que significa ser mujer nos exige escucharnos, respetarnos en comunidad, donde la labor contributiva del pensar y las acciones colaborativas nos responsabiliza y nos posiciona en esta lucha permanente, donde no puede darse marcha atrás.


