Los líderes del G7 se reúnen este miércoles en una cumbre virtual de emergencia para coordinar su respuesta a la crisis económica desencadenada por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, que desde el 28 de febrero ha sacudido los mercados energéticos mundiales.
La convocatoria, impulsada por el presidente francés Emmanuel Macron en su condición de titular de la presidencia del grupo, fue confirmada por el primer ministro canadiense Mark Carney tras una conversación telefónica con el mandatario galo.
La sesión será el tercer encuentro en menos de 48 horas entre los miembros del club de las grandes economías industrializadas. El lunes se reunieron virtualmente los ministros de Finanzas y este martes lo hicieron sus homólogos de Energía, convocados también por París.
Según el ministro francés de Economía, Roland Lescure, los siete países están listos para actuar “de forma urgente, en el momento necesario y con todas las herramientas posibles” para estabilizar el mercado del crudo. Sin embargo, hasta el momento ningún gobierno ha tomado una decisión efectiva sobre la liberación coordinada de reservas estratégicas, según informó la cadena CNBC citando fuentes no identificadas. Esa decisión, en caso de producirse, quedaría para después de la cumbre de líderes de este miércoles.
El nudo del problema es el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo de apenas 40 kilómetros de ancho que separa Irán de Emiratos Árabes Unidos y por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado que abastece Asia y Europa.
Desde el inicio de la ofensiva estadounidense e israelí —bautizada como Operación Furia Épica—, la Guardia Revolucionaria iraní aseguró que ejerce “control completo” sobre el paso y amenazó con convertirlo en una zona de conflicto. Esa advertencia disparó el precio del barril de referencia estadounidense, el West Texas Intermediate, más de un 35% en una semana, superando los 100 dólares.
El martes, el presidente Donald Trump anunció que fuerzas de la Marina destruyeron 16 embarcaciones minadoras en el estrecho. Horas antes había advertido a Teherán de que, si Irán coloca minas y no las retira de inmediato, las consecuencias militares serán “de un nivel nunca antes visto”. La acción y la retórica de Washington ilustran la tensión que rodea una ruta vital para el abastecimiento energético global, cuyo cierre prolongado podría elevar el precio del crudo por encima de los 150 dólares, según analistas del sector consultados por el Financial Times.
Desde Ottawa, Carney subrayó que Canadá respalda los esfuerzos para garantizar la libertad de navegación en el estrecho, según un comunicado de su oficina. Además, el primer ministro canadiense también conversó el martes con el sultán de Omán, Haitham bin Tariq al Said, cuyo país ejerció como mediador entre Washington y Teherán en las rondas de negociación nuclear celebradas en febrero, antes del inicio de la guerra.
Omán jugó un papel central en esos contactos diplomáticos. El canciller omaní Badr Albusaidi facilitó tres rondas de conversaciones indirectas entre el enviado estadounidense Steve Witkoff y el ministro iraní Abbas Araghchi, la última en Ginebra a finales de febrero. Albusaidi calificó el proceso de “buen progreso”. Días después, los bombardeos de Estados Unidos e Israel terminaron con esa vía diplomática.
El G7 intenta ahora amortiguar el golpe económico de un conflicto que, a once días de su inicio, ha causado cientos de muertos entre los países involucrados. El FMI advirtió esta semana que un aumento del 10% en el precio del petróleo puede empujar la inflación global al alza de manera significativa.
(Con información de AFP y EFE)


