En una amenaza que nos involucra directamente, Trump dijo que empleará “el poder supremo de Estados Unidos”, pues gracias a él, siempre a él, su país es nuevameEn una amenaza que nos involucra directamente, Trump dijo que empleará “el poder supremo de Estados Unidos”, pues gracias a él, siempre a él, su país es nuevame

Orgullosamente decimos: no

2026/03/11 15:00
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La mal llamada “guerra contra las drogas” fue iniciada por Richard Nixon. Desde un principio, las personas expertas auguraron su fracaso y, a más de cinco décadas, se ha confirmado una y otra vez que es una guerra perdida.

El principal motivo no es la capacidad corruptora de las redes criminales, ni mucho menos su poder de fuego, sino sencillamente que la nación que pone las armas y los adictos, además de un sistema financiero que facilita el lavado de las ganancias ilícitas, no tiene ningún interés real en ganarla.

La guerra contra las drogas fue siempre —y Donald Trump ha venido a profundizar esa certeza— una coartada del poder imperial para inmiscuirse en otras naciones, con el pretexto de atacar a los “bad hombres” y con el objetivo real de imponer sus intereses, sus políticas de seguridad y su dominio regional.

En un nuevo capítulo de esa guerra perdida, Donald Trump se inventó una “cumbre” en Miami, a la que asistieron mandatarios latinoamericanos que le son afines ideológicamente y más que proclives a acatar órdenes en lugar de buscar acuerdos, como les correspondería en tanto representantes de naciones soberanas.

La nueva iniciativa lleva por nombre Escudo de las Américas, e incluso su logo recuerda la campaña publicitaria de un jabón o, si se quiere, algún filme hollywoodense, lo que no resulta nada extraño, pues el presidente de Estados Unidos gusta de hacer de cada una de sus acciones un espectáculo para las cámaras.

El denominado Escudo de las Américas se suma así a los muchos frentes abiertos por un mandatario que ya no sabe cómo salir del conflicto bélico que desató al bombardear Irán de la mano de su aliado (o jefe, si consideramos las opiniones expertas) Israel.

De rodillas, los asistentes a la supuesta “cumbre” aplaudieron todas y cada una de las ocurrencias de Trump, incluyendo frases como “no voy a aprender su maldito idioma”, pronunciada frente a diez mandatarios que hablan español.

Según Trump, los aspirantes a empleado del mes por él convocados estuvieron de acuerdo en que la única manera de derrotar a los que llama “cárteles” o “grupos narcoterroristas” es “desatar el poder de nuestras fuerzas armadas”.

En una amenaza que nos involucra directamente, Trump dijo que empleará “el poder supremo de Estados Unidos”, pues gracias a él, siempre a él, su país es nuevamente la mayor potencia militar del planeta.

La verdad es que no ha dejado de serlo, y lo era antes de su segundo arribo a la presidencia.

Lo que ha cambiado es que el mandatario está dispuesto a usar esa fuerza por encima de cualquier norma internacional: el uso arbitrario del poderío militar es el único corolario de la Doctrina Monroe recargada.

Los vertiginosos sucesos de los primeros meses de este 2026 hacen que una noticia siga a otra sin que haya tiempo para procesar y poner en contexto cada suceso.

Así, parece quedar en el olvido la feroz campaña que antecedió al ataque a Venezuela —que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa— con el pretexto de combatir a un inexistente “Cártel de los Soles”.

Apenas encarcelaban a Maduro en Nueva York cuando diversos voceros de su gobierno y el propio Trump admitieron en distintos tonos su verdadero objetivo en Venezuela: el control del petróleo.

La llamada “guerra contra las drogas”, basada en la prohibición y la criminalización, y ahora en los ataques directos, ha tenido consecuencias devastadoras en muchos países, y no ha conseguido ninguno de sus objetivos declarados.

Los expertos y los organismos internacionales coinciden en que las políticas asociadas a este modelo impuesto desde Washington no han logrado reducir el consumo de drogas ni debilitar seriamente a la delincuencia (siempre habrá una fila enorme para reemplazar a un capo, por más poderoso que sea).

Detrás de los amagos, que ya se han traducido en ataques a embarcaciones, con el saldo de decenas de muertes (sin que se sepa si eran o no narcotraficantes), hay una amenaza real contra nuestro país.

La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum debe ser acompañada por todas y todos: colaboración sin subordinación.

¿Intervención de fuerzas militares extranjeras en nuestro territorio? Orgullosamente seguimos diciendo que no, thank you.

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