La guerra de EE.UU. e Israel contra Irán prosigue sin un fin en el horizonte. Donald Trump vacila entre anunciar una conclusión en breve plazo, como en las primeras horas del ataque, a decir después que llevará “semanas”, a manifestarse este miércoles con total inconcreción. “La mayoría de la gente dice que la victoria ya está asegurada. Es solo cuestión de tiempo. ¿Cuándo nos detendremos? No queremos permitir que resurjan”, se preguntaba a sí mismo, en una nueva muestra de su improvisación permanente.
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Irán sigue, mientras tanto, respondiendo con ataques a objetivos estadounidenses ubicados en territorio de sus aliados del golfo Pérsico, al tiempo que restringe hasta el bloqueo casi total el tráfico de mercancías por el estrecho de Ormuz.
Los ataques iraníes a barcos mercantes en la zona se suceden. Los últimos de los que se tiene constancia, alcanzaron a dos petroleros en aguas iraquíes y un portacontenedores en Emiratos Árabes Unidos, según informó el jueves por la mañana la agencia británica de operaciones comerciales marítimas (UKMTO, por sus siglas en inglés).
El último informe del Institute for the Study of War, un think tank estadounidense que realiza un seguimiento periódico de los sucesos sobre el terreno, deduce que Irán probablemente pretende mantener la capacidad de amenazar, dificultar y controlar selectivamente el tráfico sobre el estrecho, pero sin minarlo extensivamente —solo ha instalado menos de una decena de artefactos explosivos en las aguas— para poder dar salida a sus propios petroleros.
El mapa muestra como los impactos se extienden por todos los países de la región, con especial concentración en Emiratos Árabes, Qatar y Baréin.
A dos días de que la guerra entre en su tercera semana, los beligerantes adaptan su táctica. Irán, permanentemente golpeada, redujo drásticamente desde el lunes el número de drones que lanza. Si hasta el 8 de marzo se habían registrado diariamente más de un centenar de ataques de este tipo, en los tres primeros días de la semana la cifra por jornada no superó los 20. Los misiles balísticos y de crucero también descendieron.
El ISW destaca, en este sentido, que las defensas áreas de los países del golfo aguantan lo suficiente para que los misiles balísticos no las puedan penetrar con garantías.
EE.UU. e Israel continúan, mientras tanto, bombardeando Teherán y el noroeste de Irán, donde se concentra la población de la minoría kurda. Una de las posibilidades que los agresores habían esgrimido es que una revuelta kurda, apoyada por los grupos armados establecidos al otro lado de la frontera con Irak, hiciese zozobrar al régimen. Pero de momento no trascendieron grietas en la estructura del régimen, que dice apostar porque la guerra se alargue y que eligió como sucesor del ayatolá Ali Jamenei a su hijo Mojtaba, partidario de la línea dura.
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