Manifestantes bloquean una intersección durante una protesta en TeheránManifestantes bloquean una intersección durante una protesta en Teherán

Protestas en Irán: cómo la caída de la moneda fue la chispa que hizo estallar el enojo generalizado contra el régimen islámico

2026/01/11 03:43

NUEVA YORK. – Saeed, un emprendedor tecnológico de Teherán, ya estaba preparado para las protestas mucho antes de que se desencadenaran: hace meses que sentía que él y su país iban en caída libre.

Desde junio, cuando las fuerzas israelíes atacaron las instalaciones nucleares de Irán, pasó muchas noches sin dormir, preguntándose si era inevitable una nueva guerra y qué sería del futuro de su familia. La crisis económica, cada vez más profunda, lo obligó a despedir a sus empleados, mientras la caída de la moneda iraní se comía sus ahorros.

“Había decidido salir a protestar incluso antes de que empezaran estas manifestaciones”, dice Saeed, que prefiere no revelar su nombre completo por temor a represalias del gobierno. “Estoy harto de los idiotas que nos gobiernan”, añadió. “Estoy cansado de que nos roben, de la corrupción y de la falta de justicia”.

El líder supremo de Irán, el ayatollah Alí Khamenei

El 28 de diciembre, el rial, la moneda iraní, se desplomó a un mínimo histórico frente al dólar estadounidense, y fue la chispa que desató la ola de furia que Saeed esperaba.

En cuestión de horas, los comerciantes de los bazares de Teherán, corazón histórico de la economía iraní, organizaron una huelga y ganaron las calles.

Y durante casi dos semanas las protestas se han ido extendiendo desde los mercados y universidades de las principales ciudades hasta las localidades pobres del interior del país, dejando decenas de muertos, según cifras de los organismos de derechos humanos.

Las protestas llegan en un momento de fragilidad para el régimen teocrático y autoritario de Irán, que ya venía debilitado por sus enemigos externos y ahora enfrenta disturbios internos que convocan a un espectro cada vez más amplio de la población.

La imagen, tomada de un video distribuido por la televisora estatal iraní, muestra vehículos quemados durante una protesta

En numerosas oportunidades de las últimas dos décadas –en 2009, 2019, 2021 y 2022– los iraníes ganaron las calles para manifestar contra el régimen teocrático que los gobierna. Y en todas esas oportunidades, las fuerzas de seguridad se impusieron con una represión brutal.

Sin embargo, los diez manifestantes entrevistados telefónicamente por The New York Times –quienes pidieron no revelar sus apellidos por razones de seguridad– dicen que las actuales protestas son mucho más peligrosas para el régimen de la República Islámica.

“Al ver las noticias y las reacciones del gobierno se nota que el régimen está totalmente aterrado”, apunta Sahar, de 33 años, una manifestante en Teherán.

Quiénes salen a manifestar

Las manifestaciones de 2022 conocidas como el movimiento “Mujeres, Vida, Libertad”, fueron una rebelión contra la represión social, como el uso obligatorio del hiyab, pero casi no movilizaron a los iraníes pobres ni a los conservadores. Pero las protestas de estas semanas se desataron por la situación económica, y arrastraron a las calles tanto a los sectores de clase media como a los pobres.

Mohammad Reza Pahlavi, líder opositor e hijo del último sha de Irán

Y en el ámbito externo, Irán, que antes era el eje de una poderosa red de fuerzas antioccidentales, en los últimos dos años fue viendo cómo su poder regional se debilitaba aceleradamente por los ataques de Israel contra Hezbollah y Hamas, sus grandes grupos aliados.

Además, a fines de 2024los rebeldes de Siria derrocaron al presidente Bashar al-Assad, uno de los socios más importantes de Irán. Y en junio pasado, Israel lanzó una guerra de 12 días, a la que se unieron brevemente aviones de guerra de Estados Unidos, que causó la muerte de altos funcionarios de seguridad y dañó y degradó las instalaciones nucleares y la infraestructura militar

Y ahora, con las negociaciones nucleares estancadas, las sanciones impuestas nuevamente por Estados Unidos y Europa terminaron de hundir la economía iraní a un mínimo histórico.

Según los economistas, esa presión se ve agravada por décadas de desmanejos económicos y el asentamiento de una élite corrupta que alimentó una creciente desigualdad.

Un comerciante cuenta billetes iraníes en una tienda en Teherán, el 7 de enero de 2026

Al gobierno de Teherán le está costando encontrar una respuesta cohesiva, y oscila entre expresiones de comprensión por los reclamos sobre la economía y promesas de tratar con dureza a los “agitadores”, a quienes acusa de ser aliados de “enemigos extranjeros”.

A pesar de las fuertes pérdidas que sufrieron durante los ataques israelíes de junio, el régimen iraní aún cuenta con un enorme aparato de seguridad que sigue prácticamente intacto. Sin embargo, debe pensar bien cómo responder: Israel y Estados Unidos ya han expresado su apoyo a las protestas y podrían decidir intervenir.

La respuesta del líder supremo

“Que nadie olvide que la República Islámica llegó al poder gracias a la sangre de cientos de miles de personas nobles”, declaró el líder supremo, el ayatollah Alí Khamenei, durante un discurso el viernes. “Y la República Islámica no retrocederá frente a quienes se dedican a su destrucción”.

El desplome de la moneda del 28 de diciembre enfureció a los comerciantes, que ya venían de meses de devaluaciones diarias y la consecuente oscilación de precios. En Irán, la inflación se mantiene por encima del 40% desde hace una década.

La bandera de Irán ondea delante de la sede del Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena

“Los ingresos de la gente son entre un tercio y un cuarto de lo que eran antes”, calcula Mahdi Ghodsi, economista del Centro para Medio Oriente y el Orden Global.

El hecho de que la protesta se iniciara en el bazar de Teherán les da un impulso simbólico –fueron esos comerciantes los que encendieron la chispa la revolución iraní de 1979–, pero también práctico, apunta Esfandyar Batmanghelidj, director del grupo de expertos económicos Fundación Bolsa y Bazar.

“Para organizar una protesta, es necesario estar conectado y poder permitirse participar de la misma”, dijo. “Por esos los comerciantes del bazar son un grupo social aparte, porque pueden acordar entre ellos cerrar todos los negocios y salir a manifestar”.

En sus cuentas de Instagram, los comerciantes que antes se limitaban a anunciar sus productos empezaron a publicar imágenes del laberíntico mercado totalmente vacío y de las calles abarrotadas de manifestantes. “Todos necesitamos vender, pero con estos precios es imposible. Nos da vergüenza tener que decirle a la gente cada vez que aumentan los precios”, posteó un vendedor de ropa durante el segundo día de protestas.

Todos los negocios cerrados en el Gran Bazar de Teherán

Las demandas de los manifestantes rápidamente se extendieron y las consignas se radicalizaron: “¡Muera el dictador!”, coreaban algunos. “¡Muera Khamenei!”. De hecho, algunos incluso reclaman el regreso de los Pahlavi, la familia real derrocada por la revolución de 1979.

Es difícil determinar el alcance de las simpatías monárquicas, o incluso la magnitud de estas protestas. Y para los periodistas extranjeros no es fácil ingresar al país. Además, los iraníes sufren cortes de internet y una feroz censura, mientras el gobierno los ametralla con videos manipulados y campañas de desinformación.

Se extienden las protestas

Los videos verificados por The New York Times revelan que durante la última semana las protestas se multiplicaron en todo el país. Un video de la localidad de Yasuj, en el sur de Irán, muestra a los manifestantes cuando son dispersados con gases lacrimógenos de una calle abarrotada de gente.

Y en un video del 6 de enero de la ciudad nororiental de Mashhad se ve una columna de manifestantes en una calle céntrica. Escenas similares se reprodujeron al día siguiente en Bojnord, una ciudad cercana a la frontera norte con Turkmenistán.

Imagen de la Revolución Islámica de 1979 que depuso al antiguo sha

Mientras los comerciantes cerraban sus locales, los estudiantes iniciaban su protesta en los campus universitarios. Los estudiantes de la Universidad de Shiraz, en el suroeste de Irán, coordinaron la protesta comunicándose en código en los grupos de chat que antes usaban para discutir trabajos de clase, según tres estudiantes que no quisieron revelar sus nombres por temor a represalias.

Según uno de ellos, la primera noche los manifestantes del campus quemaron una bandera de la República Islámica. La noche siguiente, las autoridades universitarias cerraron las puertas de los dormitorios para intentar impedir que los estudiantes se sumaran a las protestas, pero muchos escaparon trepando las vallas y volvieron a manifestarse.

La tercera noche llegaron las fuerzas de seguridad, buscando dialogar sobre posibles reformas en el gobierno, según declararon los estudiantes entrevistados telefónicamente por el Times.

Los jóvenes se negaron a debatir. No buscaban una reivindicación de sus reclamos: querían la caída del gobierno. Entonces, según dos estudiantes, las fuerzas de seguridad empezaron a usar porras, gas pimienta y piedras, pero los estudiantes siguieron manifestándose.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, pronuncia un discurso en la ONU (Archivo)

Masoud Pezeshkian, el presidente iraní, intentó reaccionar con rapidez y empatía no bien se iniciaron las protestas. Reemplazó al presidente del Banco Central y reconoció públicamente las dificultades económicas que sufrían los manifestantes.

También ordenó un bono mensual para todos los iraníes de unos siete dólares, una cifra aún muy lejana a los cambios drásticos que la gente necesita, según los economistas.

“Si la gente está insatisfecha, la culpa es de nuestro gobierno”, reconoció Pezeshkian la semana pasada durante una visita al suroeste de Irán, según consignó la agencia estatal de noticias IRNA. “No culpen a Estados Unidos ni a nadie más”.

Pero entonces el gobierno de Trump lanzó una impactante operación para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Y tras la captura, Trump redobló sus amenazas contra el gobierno: “Si empiezan a matar gente como ya lo han hecho en el pasado, Estados Unidos les va a dar un duro golpe”.

Khamenei, sin embargo, se mantuvo desafiante y no se dejó amedrentar: al advertir contra las intromisiones extranjeras, insistió en que “a los agitadores los vamos a poner en su lugar”. El jueves, efectivamente, el gobierno impuso un amplio apagón de internet, y las protestas dieron un giro violento y letal.

Erika Solomon, Sanam Mahoozi y Sanjana Varghese

(Traducción de Jaime Arrambide)

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