Charles de Gaulle (1890–1970) fue uno de los estadistas más influyentes del siglo XX y el principal arquitecto de la Francia moderna. Militar de carrera, lideró
la Resistencia Francesa desde Londres tras la ocupación nazi en 1940, negándose a aceptar la rendición de su país. Al finalizar la Segunda Guerra
Mundial, encabezó el Gobierno Provisional y sentó las bases para la reconstrucción política, moral y social de Francia, devolviendo cohesión e identidad a una sociedad profundamente marcada por la guerra y la ocupación.
En 1958 regresó al poder en medio de una profunda crisis institucional y fundó la Quinta República, instaurando un sistema presidencial fuerte que sigue vigente. Fue presidente de Francia de 1959 a 1969, periodo en el que impulsó la independencia estratégica del país y promovió la modernización del Estado: fortaleció la educación pública, la infraestructura y la planificación económica, lo que favoreció el crecimiento del empleo y la consolidación de una clase media más estable. Estas políticas contribuyeron a dar certidumbre social y a reforzar la confianza en las instituciones.
De Gaulle también promovió la reconciliación franco-alemana, clave para la futura Unión Europea, y consolidó la idea de Francia como una potencia soberana con voz propia en el mundo. Su figura es valorada de manera mayoritariamente positiva, aunque fue controvertida: se le reconoce por estabilizar al Estado y ordenar la vida social, pero se le criticó por su estilo autoritario, la represión de protestas como las de 1968 y el manejo conflictivo de la descolonización, especialmente en Argelia. Renunció a la presidencia en 1969 tras perder un referéndum, reafirmando su convicción democrática. Su legado perdura en la estructura política francesa y en el debate social entre autoridad, libertad y participación ciudadana.


