Saul Newman, un destacado experto en longevidad de la Universidad de Londres, generó controversia al afirmar que la ciencia detrás de los super centenarios es “una inmensa broma”. En un artículo publicado en The New York Times, el mismo investigador detalla las profundas inconsistencias y los errores en los datos que sustentan gran parte de la investigación sobre la vida excepcionalmente larga.
Según informó en la nota mencionada, Newman estudió minuciosamente actas de nacimiento y defunción de personas que superan los 110 años. Tras este análisis, llegó a la conclusión de que la fascinación por la longevidad extrema ha llevado a una aceptación acrítica de información errónea, lo que afecta la financiación de investigaciones y las tendencias de marketing.
El experto de longevidad de la Universidad de Londres sentenció que “los datos sobre las personas que viven hasta una edad inusualmente avanzada son profundamente erróneos”. Tras analizar la información del 80 por ciento de los super centenarios mundiales, halló que, en muchos casos, sus edades avanzadas eran “altamente improbables” debido a “errores sorprendentes” en los registros. Newman enfatizó sobre la falta de un sistema de verificación independiente fiable, lo que permite la persistencia de estas falsas afirmaciones.
El experto cita varios ejemplos notorios en su artículo para explicar los errores que encontró sobre las creencias de la longevidad extrema:
En ese sentido, Newman aseguró que “los errores y anomalías no se limitan a casos individuales; la investigación sobre la edad extrema está llena de ellos”. Destacó que muchas personas longevas son reportadas oficialmente como vivas mucho después de haber muerto, como el hombre más viejo de Tokio, sepultado en su apartamento por 30 años mientras su familia cobraba su pensión. Incluso en países con registros históricos, como Italia y Grecia, se han descubierto fraudes masivos de pensiones relacionados con supuestos centenarios, o en Japón, donde más de 230.000 centenarios estaban desaparecidos o muertos en 2010.
El trabajo de Newman también resta validez al popular concepto de “zonas azules”, áreas conocidas por la supuesta longevidad de sus habitantes. Aunque sus defensores afirman una investigación rigurosa, Newman encontró serias inconsistencias. En ese sentido, argumentó algunos ejemplos:
El experto en longevidad lamentó que la “revelación de estos patrones no ha conducido a un amplio ajuste de cuentas en la ciencia de la longevidad”. A menudo, los demógrafos “se han replegado y los postes de la portería se han movido cuidadosamente”. Así fue que se refirió a Dan Buettner, divulgador de las zonas azules, quien admitió haber encontrado Loma Linda por encargo de su editor. Las “zonas azules” originales de Okinawa, Cerdeña y Costa Rica “simplemente se desplazaron o desaparecieron cuando llegaron los datos y las críticas”. Por lo tanto, esto demuestra que el problema fundamental de la verificación de la edad y la confianza en registros obsoletos persiste. Por este motivo, Saul Newman concluyó que "la ciencia de la longevidad extrema sigue siendo una inmensa broma“.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.

