Eduardo Salvador ‘N’, señalado por el feminicidio de su esposa, Astrid Cruz, y el asesinato de su hijo de ella, Ángel Gernando, fue detenido en Veracruz este miércoles 21 de enero en colaboración con las autoridades de Jalisco.
La Fiscalía de Jalisco informó que el crimen se registró durante la madrugada del lunes 3 de marzo, cuando vecinos reportaron la agresión contra Astrid en una finca a la que se mudaba, en la Calle F, cerca del cruce con Paseo de la Cantera, en el fraccionamiento Capital Norte, de Zapopan.
Dentro de la casa se localizó el cuerpo del adolescente, y en una de las habitaciones se localizó a Isabella, su hermana, quien presentaba lesiones de consideración. Las heridas de todos fueron ocasionadas con un martillo.
Las investigaciones apuntan a que Eduardo Salvador ‘N’ trató de deshacerse de los cuerpos, pero no lo logró y huyó, llevándose consigo el teléfono celular de Astrid, en el que respondió mensajes haciéndose pasar por ella.
El ataque ocurrió luego de que se separaran. Personas cercanas a ellos expusieron que Eduardo Salvador y Astrid, por quien marcharon el 8 de marzo (8M) del año pasado los colectivos feministas, tenían problemas familiares, como que él la obligó a vender una casa, además de que adeudaban varios meses de renta en la finca donde vivían. También se señala que ella sufría recurrentes agresiones y de maltratos físicos y emocionales.
Eduardo era directivo de un grupo de seguridad privada, fundador de la empresa Grapesa International, dedicada a la asesoría en seguridad, que colaboró con gobiernos estatales.
El agente de seguridad privada acusado de feminicidio también es presidente nacional de Mexicanos Uniformados, una organización de defensa de los derechos de los miembros de las corporaciones de seguridad.
El sujeto tiene antecedentes por un homicidio similar, ya que en el pasado asesinó también con un martillo a quien fuera su pareja, Martha Berenice, en su domicilio de la colonia Las Quintas de Culiacán, y lanzó su cuerpo al río Tamazula, e intentó desviar las sospechas acompañando a la familia de la mujer a buscarla durante cinco días.
Las autoridades detectaron contradicciones en su declaración y, al ser confrontado, confesó el feminicidio y reveló la ubicación del cadáver; entonces se le impuso una condena de 24 años de prisión. Estuvo recluidos y después se fugó, aunque fue reaprehendido en Guadalajara. Sólo cumplió una parte de su condena, y recuperó su libertad en 2020.
Durante su reclusión, él conoció a otra mujer con quien se casó y tuvo una hija, quienes desaparecieron en circunstancias que nunca fueron esclarecidas.
Eduardo fue remitido al complejo carcelario de Puente Grande, a disposición del juez que le emitió la orden de captura.


