En medio de una escalada militar sin precedentes en la región, Pakistán declaró que continuará su ofensiva en Afganistán hasta eliminar por completo a los grupos militantes que considera una amenaza para su seguridad nacional.
Esta determinación fue comunicada por un alto funcionario de seguridad paquistaní, quien aseguró a reporteros que Islamabad no planea poner fin a sus operaciones mientras persista la presencia de insurgentes que, según el gobierno, utilizan territorio afgano para organizar ataques contra intereses paquistaníes.
El conflicto, que ya suma seis jornadas de combates, surgió tras una serie de ataques aéreos lanzados por Pakistán sobre objetivos militantes en Afganistán, a los que el gobierno talibán respondió con ofensivas terrestres y fuego directo en múltiples puntos de la frontera.
Las hostilidades han dejado decenas de muertos en ambos bandos y han incrementado la tensión entre los dos países, que mantienen una relación marcada por la desconfianza desde el retorno de los talibanes al poder en 2021.
El funcionario paquistaní, cuya identidad se mantuvo en reserva por motivos de seguridad, manifestó que la duración de la campaña dependerá de la colaboración del gobierno talibán para erradicar a los militantes.
Las autoridades afganas informaron que las fuerzas terrestres de Afganistán llevaron a cabo ataques coordinados contra posiciones militares paquistaníes en 16 puntos de la frontera suroccidental y abrieron fuego contra varios puestos en la región noroeste.
La fuente oficial añadió que Pakistán destruyó cerca de 180 sitios utilizados como bases de operaciones militantes y capturó a más de 30 insurgentes.
Los choques en la frontera, especialmente en las regiones de Khyber Pakhtunkhwa y Baluchistán, continuaron con una intensidad inusitada, dejando un saldo de al menos 67 efectivos afganos y un soldado paquistaní muertos.
La información sobre las bajas fue confirmada por el ministro Tarar y, aunque el gobierno afgano no hizo comentarios específicos sobre los números ofrecidos por Islamabad, sí reconoció la gravedad de los enfrentamientos.
Por otro lado, el portavoz adjunto del gobierno talibán, Hamdullah Fitrat, acusó a Pakistán de violar el espacio aéreo afgano y atacar zonas habitadas, incluidas viviendas, mezquitas y campamentos de refugiados en diversas provincias, entre ellas Kabul, Laghman, Nangarhar, Paktia, Kandahar y Kunar.
La misión de Naciones Unidas en Afganistán instó a un cese inmediato de las hostilidades y advirtió que el conflicto agrava la crisis humanitaria en el país, donde al menos 146 civiles han resultado afectados desde el 26 de febrero, con 42 muertos y 104 heridos.
El presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, defendió la ofensiva militar argumentando que se agotaron todas las vías diplomáticas antes de recurrir a la fuerza para enfrentar a los milicianos que operan desde territorio afgano.
Zardari exhortó al gobierno de Kabul a desarmar a los grupos responsables de los ataques en suelo paquistaní.
(Con información de Europa Press)
