A lo largo de la historia del deporte , varias mujeres han marcado un antes y un después en sus disciplinas al romper récords, superar barreras sociales y demostrar que el talento no tiene límites. Desde los primeros Juegos Olímpicos femeninos hasta las ligas profesionales actuales, estas deportistas abrieron camino para nuevas generaciones y cambiaron para siempre la forma en que se entiende la competencia en el deporte mundial.
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La estadounidense es considerada una de las mejores tenistas de todos los tiempos y, probablemente, la mejor deportista que haya habido. Su primer gran logro llegó en 1999, cuando ganó el US Open con apenas 17 años. Desde entonces comenzó una carrera llena de éxitos en donde demostró una enorme superioridad.
A lo largo de su carrera conquistó 23 títulos de Grand Slam en singles, el último en 2017, cuando ganó el Australian Open. Con este triunfo se convirtió en la tenista con más campeonatos de la era abierta, además de impulsar la visibilidad y el poder del tenis femenino a nivel mundial.
La atleta rusa transformó el salto con pértiga femenino para siempre. Estableció múltiples récords mundiales durante su carrera y todo comenzó en el 2004, cuando ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, algo que repitió en 2008 durante los Juegos Olímpicos de Pekín. En total, Isinbayeva rompió 28 récords mundiales entre 2003 y 2009, consolidándose como la mejor saltadora con pértiga de la historia.
La tenista británica hizo historia en 1900 al convertirse en la primera mujer campeona olímpica individual durante los Juegos Olímpicos de París 1900.
Cooper ganó el torneo de tenis femenino en esa edición y posteriormente conquistó cinco títulos de Wimbledon entre 1895 y 1908, un logro extraordinario para la época en la que el deporte femenino apenas comenzaba a desarrollarse.
La velocista estadounidense es una de las figuras más inspiradoras del atletismo. Durante su infancia sufrió polio, enfermedad que la obligó a usar aparatos ortopédicos para caminar, pero esto no la detuvo para romper sus límites.
Entrenó muy duro y en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, logró una hazaña histórica al ganar tres medallas de oro en las pruebas de 100 metros, 200 metros y relevo 4x100. Con esta actuación se convirtió en la primera mujer estadounidense en ganar tres oros en unos mismos Juegos Olímpicos.
La gimnasta estadounidense hizo historia en los Juegos Olímpicos de Río 2016, donde ganó cuatro medallas de oro y una de bronce, consolidándose como la mejor gimnasta del mundo. En 2019, durante el Campeonato Mundial de Gimnasia Artística, se convirtió en la gimnasta con más medallas en la historia de esta competencia, con 25 preseas.
Demostró un talento único para la gimnasia y aprovechó su posición para visibilizar los problemas de salud mental que hay en el deporte de alto rendimiento, por lo que muchas compañeras y compañeros la vieron como un ejemplo a seguir que, además de marcar época, puso en la mesa algo que parecía olvidado.
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