“Acompañarnos a lo largo de tanto tiempo cuando hoy es todo tan inmediato. Eso es nuestro éxito”, agradeció Virginia da Cunha tras la primera media hora del show con el que Bandana eligió celebrar su historia en el Teatro Gran Rex. Una frase que resume el espíritu de esta reunión: una celebración que, más que un simple aniversario, funciona como un ritual compartido entre la banda y el público que las acompañó durante un cuarto de siglo. Un reencuentro que no es solo del grupo con sus seguidores, sino también de una generación con su propia adolescencia.
Antes de los discos, de los estadios llenos y de los hits que marcaron a toda una generación, hubo un casting, cámaras de televisión y cinco desconocidas tratando de cumplir un sueño. De ese experimento televisivo llamado Popstars nació, a comienzos de los 2000, uno de los fenómenos pop más grandes de la Argentina. Veinticinco años después —y luego de separaciones, proyectos solistas, reencuentros y también conflictos— Virginia, Valeria Gastaldi, Lissa Vera y Lourdes Fernández volvieron a subirse al escenario de aquel teatro que las vio nacer, agotar funciones y también despedirse en 2004, para repasar su historia en dos noches cargadas de nostalgia, emoción y canciones que marcaron a toda una generación. La quinta integrante de la formación original, Ivonne Guzmán, no participó de la vuelta. Ahora, integra el grupo La Delio Valdez.
Una estética a lo Moulin Rouge y las famosas estrofas de “Lady Marmalade”, un clásico pop inevitable de principios de los 2000, funcionaron como puerta de entrada a la atmósfera nostálgica del show, para ser antesala de hits como “Maldita noche”, “Sigo dando vueltas” y “Doce horas”, encendiendo a una sala teñida por pañuelos de colores como uniforme y guiño directo al look que la banda popularizó en sus inicios.
Inauguración enérgica y adrenalínica de una noche que se propuso recorrer los distintos momentos de la historia del grupo, con una puesta en escena armada a su medida, sin grandilocuencias, pero que no escatimó en cambios de vestuario, bailarines, coreografías, drag queens, banda en vivo y sobre todo, el juego, la emoción, la complicidad y las risas que comparten sus protagonistas con el público y entre sí. La dulzura y sensibilidad de Valeria, la frescura y desfachatez de Lissa, la rebeldía y el carácter explosivo de Lourdes y la electricidad de Virginia arman ese combo que define el ADN de Bandana y que, en vivo, vuelve a encajar como si el tiempo no hubiera pasado.
“Son parte de un momento histórico en nuestras vidas. Este show lo hizo Bandana para Bandana y para ustedes”, expresó Lissa, refiriéndose a que por primera vez son ellas quienes estuvieron a cargo tanto de las decisiones artísticas como de producción, lo que permitió que el espectáculo llevara la identidad que las integrantes del grupo quisieron imprimirle a este reencuentro. Una reunión que si bien estuvo atravesada por la nostalgia, no tuvo la intención de quedarse anclada en el pasado. Más bien se sintió como una celebración del camino recorrido vista desde el presente. Las canciones de siempre volvieron a sonar con la misma energía, aunque esta vez interpretadas desde otro lugar: el de cuatro artistas que, con los años y las experiencias compartidas, se permiten revisitar ese repertorio con más libertad y apropiárselo a su manera.
En “Como puede ser” se sumaron los integrantes del Show choir -el formato que popularizó la serie Glee y que consiste en combinar el canto coral con coreografías de baile- Voz en Acción, que luego tomaron el escenario para interpretar “El poder de los sueños” de Alejandro Lerner, uno de los primeros temas que grabó Bandana después de ganar el reality, como single promocional asociado al programa.
El bloque más íntimo de la noche estuvo compuesto por una serie de baladas acústicas que el público acompañó fielmente a coro, protagonizado por “Bajo la lluvia”, “Si mi corazón se pierde” y “Vivir intentando”, para luego presentar una canción inédita como regalo para sus fans. Un tema que, según Valeria, compusieron durante un momento movilizante de la vida de cada una, que prometieron lanzar próximamente y que sellaron con un afectuoso abrazo.
El clima se transformó en uno abiertamente festivo cuando a continuación un grupo de drag queens tomó el escenario para un segmento de baile que desató la ovación del público, mientras Virginia reaparecía con unas bandejas como DJ, marcando el pulso de la transición hacia uno de los momentos más celebrados de la noche. Así llegó “Guapas”, uno de los mayores hits de Bandana, coreado de principio a fin y acompañado por el paso de baile que muchos fans todavía recuerdan de memoria. La energía se mantuvo en alto con “Llega la noche”, antes de los bises finales. Primero “Sigo dando vueltas” y, cuando el telón parecía haber marcado el final, el público decidió escribir su propio cierre.
Desde distintos rincones de la sala empezó a escucharse “Muero de Amor por Ti”−aquella canción que grabaron como parte de la banda sonora de la película de Disney Lilo y Stitch− en un coro espontáneo que se contagió en todo el teatro. Ante ese pedido colectivo, las cuatro cantantes volvieron al escenario para un último saludo. Una escena que terminó de confirmar lo que sobrevoló durante toda la noche: que, después de 25 años, la historia de Bandana ya no pertenece sólo a la banda, sino también a la gente que la hizo propia.


