TEL AVIV.– El retorno del caos global, de la política de la violencia, de la distracción y de la fuerza, impulsada por líderes que —según observan algunos analistas— carecen de estrategias claras de largo plazo, manipulan los hechos y, sin tener en cuenta las lecciones de la historia, han abierto una explosiva caja de Pandora.
En el octavo día de la guerra “preventiva” lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán, hay más preguntas que respuestas sobre qué pasará en Medio Oriente. Más allá de la euforia belicista, de la retórica victoriosa que utilizan el premier israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, los dos máximos responsables de una ofensiva militar devastadora para Teherán, que trastocó al mundo, el régimen iraní, que llora el asesinato de su líder máximo, el ayatollah Ali Khamenei, sigue firme al mando.
La nueva escalada regional se produce además en un Medio Oriente ya profundamente desestabilizado desde el ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre de 2023, que desencadenó la guerra en Gaza.
Y si bien hace ocho días muchos israelíes se ilusionaron con una guerra relámpago, corta, como la de los doce días de junio del año pasado, se avizora un escenario mucho más complejo y peligroso, con consecuencias nefastas para todo el mundo.
“Uno sabe cómo empieza la guerra y nunca sabe cómo termina”, comentó a LA NACION el politólogo israelí Mario Sznajder, que, como muchos expertos, destacó que lo que falta en este caso es nada menos que “una visión político-estratégica”. Sznajder subrayó, en efecto, que es imposible cambiar a un régimen como el de Irán en dos semanas, más allá de la enorme superioridad técnica y militar de la fuerza aérea israelí y estadounidense.
“Ni Netanyahu ni Trump controlan la situación dentro de Irán, que sigue bajo el mando de los ayatollahs, los miembros de la guardia revolucionaria y las milicias Basijs. Este régimen en 47 años se ha institucionalizado en base a una ideología extremista, fanática y tiene una base social muy amplia”, apuntó.
Como otros expertos, destacó el hecho de que Irán, país de más de 92 millones de habitantes, tiene una composición social compleja, que podría desmadrarse. Una mitad de la población es persa, pero la otra mitad es un mosaico de diversas etnias (kurdos, azeríes, baluchis, árabes) y el peligro es que el colapso del régimen degenere en una sangrienta guerra civil.
“Si se desintegra Irán, que de estado fanático se transforma en estado fallido y se desata una situación tipo Siria, donde hubo una guerra civil de quince años, no creo que sea una opción estratégica válida… ¿Alguien quiere otra guerra civil en un país de Medio Oriente como Irán, que tiene el conocimiento o know-how de una industria militar muy grande, de misiles balísticos y nucleares, sin contar la tecnología de drones?”, se preguntó. “Mi idea es que, aunque destruyamos toda la capacidad militar de Irán, si siguen teniendo el conocimiento, van a reconstruir las armas, por lo que para mí la única solución que puede haber es política”, añadió.
En este marco, Szanjder advirtió de una falla enorme de planeamiento de largo plazo, tanto de parte de Israel, como de Estados Unidos.
Por otro lado, se mostró preocupado ante el cambio de táctica de Irán contra Israel, comparando lo ocurrido con la guerra de los 12 días del año pasado. “Ellos han aprendido de su experiencia pasada y están disparando menos misiles a diversas partes del territorio israelí múltiples veces por día. O sea que estaban preparados para esta estrategia y la táctica es mantener a la población israelí en tensión constante, con la idea de que algún misil penetre la Cúpula de Hierro y cause daño para que la gente entienda que esto no se puede tomar a la ligera”. En este sentido, resaltó que otro punto muy importante ahora, que pocos tienen en consideración, es “la economía de municiones”.
“Si la guerra se prolonga semanas, como parece, hay un problema de economía de municiones, por lo que existe un límite a lo que se puede hacer y a lo que se puede disparar. Por ende hay que pensar muy bien qué se hace, qué se dispara y a dónde se dispara, porque los costos económicos de todo esto son enormes”, sumó.
Se estima que se está gastando en Israel el equivalente a 600 millones de dólares por día, aunque a esto hay que agregarle muchos costos civiles. “Tenemos unos gastos terribles por el tema del cierre del país: el hecho de que abren los lugares de trabajo donde hay refugios, pero por otro lado no abren las escuelas, genera caos, porque entonces los padres no pueden ir a su trabajo porque no tienen con quién dejar a los hijos”, remarcó.
“O sea, es muy muy complicada la ecuación y no hay una visión política real, ni hacia adentro ni hacia afuera. Yo no juzgo a Estados Unidos, ellos están en otra posición porque están llevando a cabo una guerra muy lejos de su territorio nacional. Pero en Israel lo que se ve es que hay una gran falta de planeamiento y lo peor es que todo depende del señor Trump, que decide de forma errática y en cualquier momento y que dentro de un día puede anunciar que la guerra se terminó… Y ¿qué pasa con nosotros? ¿Quedamos colgados? Esto es un desmadre…”, graficó.
Coincidió el historiador israelí, Omer Bartov, uno de los máximos expertos del Holocausto y de los genocidios que, en diálogo telefónico con LA NACION desde Estados Unidos, donde enseña en la Brown University de Providence, no dudó en hablar de un “retorno del caos global”.
“Este es un ejemplo clásico de acción sin estrategia. Un cambio de régimen, si es que era el objetivo, no fue preparado. Y a la luz de las primeras declaraciones de Marco Rubio, es lícito suponer que Israel fue el inspirador. Netanyahu construyó su carrera política azuzando el fantasma del peligro nuclear iraní y de Hamas, sus dos obsesiones y logró intimidar a la opinión pública interna y a convencer a Estados Unidos”, consideró. “Desde hace casi tres años Bibi vende una ‘victoria total’ cada ocho meses y estos dos enemigos son sus dos activos desde hace tiempo. Lo importante es mantener la política de violencia para que los electores no tengan tiempo de hacerse preguntas”, apuntó.
En este contexto, definió como “una acción de extraordinaria irresponsabilidad” la guerra lanzada contra Irán por él y Trump, dos mandatarios que tienen en común pensar en el corto plazo, ser “vendedores” de supuestas grandes victorias y en implementar políticas “de distracción” para evitar temas internos “calientes”.
En el caso del premier israelí, que no se hable más del “fiasco” del 7 de octubre de 2023, ni de una comisión investigadora, ni de su juicio de corrupción; y de Trump, del escándalo vinculado al financista pedófilo Jeffrey Esptein y los problemas de la economía norteamericana.
“Entonces, nada de esto es sorprendente, a pesar de que lo que realmente están haciendo, no tienen ninguna estrategia real detrás. Raramente puede lograrse un cambio de régimen, y menos, desde el aire. Y la posibilidad de que esto sólo traiga devastación, muertes y perpetúe un mayor caos en todo el Medio Oriente es muy alta”, advirtió.
Lamentó, además, que los antecedentes históricos recientes no hayan servido para aprender ninguna lección. “El grupo pro-iraní Hezbollah fue la respuesta a la invasión del Líbano por parte de Israel de 1982… ¿Cuál fue el origen de Estado Islámico (EI)? La invasión estadounidense de Irak y la idea de que llevarían la democracia eliminando a Saddam Hussein”, evocó.
Al igual que Szanjder, el historiador israelí subrayó la complejidad de un país como Irán y su composición étnica y no ocultó su pesimismo. “Ahora surge otra idea, igualmente descabellada, de utilizar a los kurdos y no está claro qué harían los kurdos si conquistaran Teherán. Claramente no hay ningún pensamiento estratégico detrás de esto y nadie parece haber pensado quién asumiría el poder”, dijo. “Por supuesto, pase lo que pase, Netanyahu y Trump intentarán venderlo como una victoria”, añadió, al subrayar que ya hicieron lo mismo después de eso la guerra de los 12 días con la que, según ellos, habían arrasado el programa nuclear iraní. Esto fue posible por su habilidad de mostrarse como líderes supuestamente “democráticos” y de “manipular” las opiniones públicas a través de noticias falsas en un teórico mundo “libre”.
Preocupado como muchos analistas, Bartov consideró “triste” ver cómo la arquitectura que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial “se está desintegrando”.
“Lo que ocurrió en Gaza después del 7-10 marcó un giro: el silencio de Occidente ante el genocidio cometido allí por Israel ha certificado la posibilidad de desmantelar el orden global”, lamentó, al hablar de un “nuevo mundo sin reglas”, donde la única forma de protegerse es la posesión de una bomba nuclear, como ocurre con el presidente ruso, Vladimir Putin.
“Si de alguna manera sobrevive a esto, la lección de lo que pasa en Irán es que, si un país pequeño o mediano quiere evitar ser invadido por un gran imperio, debe tener una bomba nuclear. Eso es lo único que puede protegerlos en un mundo que ahora está siendo impulsado por personas como Xi Jinping, Vladimir Putin y Donald Trump, que es un mundo que desafía al derecho internacional, desafía a la ONU y, de hecho, propone un nuevo acuerdo mundial de grandes potencias que dividen el mundo entre sí, tal como ocurrió en el siglo XIX”, planteó. “Aunque ahora -concluyó-, todo es mucho más peligroso porque la destrucción puede ser mucho mayor que en esa época”.

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