Que tiene 28 años, que es la hija de Caitlyn y Kris Jenner, que es hermana de Kylie y que tenía sólo 11 años cuando, en 2007, empezó a participar del reality Keeping Up With the Kardashians. Que nació en Los Ángeles, fue musa de Karl Lagerfeld y una de las favoritas de las pasarelas de Victoria’s Secret. Que, desde 2017, es la modelo mejor paga del mundo y que su fortuna ronda los 60 millones de dólares. Que es la influencer más venerada de las redes. Que, tras su romance con el puertorriqueño Bad Bunny, se la vincula con Jaylen Brown, estrella de los Boston Celtics… y también con Devin Booker, de los Phoenix Suns.
Aunque de la vida de Kendall Jenner se sabe mucho, no todos conocen que los autos son su pasión. O más que eso. Según algunos medios especializados, lo de Jenner con los fierros es casi demencial. “Algunas personas se vuelven adictas a los tatuajes; yo soy adicta a los autos”, ha confesado. Una pasión que heredó de su padre, quien la sumergió en el mundo de los motores desde chica.

Si bien posee modelos de última generación –como la Ferrari SF90 Stradale, el Lamborghini Urus, el Audi R8 V10+ Coupé, el Mercedes-AMG G-Class, un Rolls-Royce Dawn–, su gran debilidad son los clásicos: “Cada detalle de un auto clásico es mil veces mejor a los del mercado actual”, asegura.
En su colección, valuada en más de 5 millones de dólares, brillan joyas como un Chevrolet Corvette C1, un Cadillac Eldorado y varios Porsche, incluido un 992 Turbo S Cabriolet. Estos tesoros están distribuidos en sus tres mansiones: Mulholland Estates, en Beverly Hills (allí es donde tiene la mayoría, tanto los de uso cotidiano como los de exhibi ción), su rancho en Montecito y su refugio en Wyoming. En cada una, mandó construir garajes especiales: con clima controlado para preservar la mecánica y una iluminación que resalta los vehículos, como las obras de arte en una galería.






