Entre el 2 y el 4 de marzo, tres jornadas en la Bolsa Institucional de Valores dejaron claro que la brecha de género es, ante todo, una ineficiencia económica que México no puede darse el lujo de ignorar.
Hay una frase que repito con frecuencia y que cada vez me convence más: los mercados financieros no operan en el vacío. Reflejan las sociedades que los sostienen y las decisiones que tomamos como líderes. Por eso, en BIVA decidimos que el Día Internacional de la Mujer no sería un acto de reconocimiento, sería una jornada de trabajo.
Del 3 al 4 de marzo realizamos tres eventos que pusieron sobre la mesa algo que cuesta decir en voz alta en el mundo financiero: la exclusión de las mujeres de la economía digital, del crédito y del liderazgo corporativo no es solo una injusticia. Es una ineficiencia que se puede medir, y cuyo costo México no puede seguir ignorando.
Existen cifras que no siempre recordamos, pero que influyen de forma directa en las decisiones que tomamos. De acuerdo con el IMCO, en México, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer recibe 65. Sólo el 46% de las mujeres mexicanas participan en la economía formal, lo que ubica a nuestro país en el lugar 122 de 146 naciones en ese indicador.
Resulta inaudito dado que las empresas lideradas por mujeres que acceden a financiamiento aumentan sus ventas más del 40% en dos años frente a las que no logran ese acceso. Cuando el talento encuentra capital, la economía crece.
Desde el inicio de operaciones de BIVA, se han dirigido alrededor de 40 mil millones de pesos al financiamiento de iniciativas orientadas al desarrollo económico de las mujeres. En 2020 se llevó a cabo en BIVA la primera emisión de un bono de género en México, y desde entonces se ha sostenido el compromiso de promover al menos una emisión anual con este enfoque. Este esfuerzo se ha mantenido de forma constante y, gracias a ello, actualmente hemos colocado cerca del 78% del monto total en este tipo de instrumentos dentro del mercado.
México tiene 132 millones de habitantes, 68 millones de ellos mujeres. Estamos en la última fase de nuestro bono demográfico: la ventana se cierra hacia 2040. Cerrar la brecha de participación laboral femenina añadiría casi 390 mil millones de dólares al PIB en la próxima década.
Se estima que esa brecha representa una pérdida potencial de hasta el 25% del ingreso per cápita. La pregunta no es si debemos incorporar a más mujeres a la economía digital. La pregunta es si podemos permitirnos no hacerlo.
Y sin embargo, seguimos postergando una conversación que comienza mucho antes del mercado laboral. En América Latina, las niñas adolescentes dedican siete horas semanales más que los niños al trabajo no remunerado. La brecha no empieza cuando una mujer solicita un crédito o aspira a un consejo. Empieza en la infancia. Por eso BIVA copreside junto con Nasdaq Helsinki el grupo que desarrolla la primera guía global de Child-Lens Investing con UNICEF: un marco para que las empresas listadas midan el impacto de sus decisiones corporativas sobre niñas, niños y adolescentes. Esto es reconocer que lo que las empresas deciden hoy tiene consecuencias directas sobre la generación que nos sucede.
Al final del 4 de marzo tocamos la campana en un Ring the Bell for Gender Equality. No fue un cierre decorativo. Fue la consecuencia lógica de tres días en los que el sector público, privado, los mercados y la sociedad civil coincidieron en algo que debería ser punto de partida en cualquier análisis de riesgo: los mercados inclusivos son mercados más fuertes. Maricarmen Bonilla habló de estabilidad financiera. Sanaa Abouzaid, de talento desaprovechado. Ángel Cabrera, de eficiencia crediticia. Manola Zabalza, de intangibles y legado. Todas, de una forma u otra, hablaban de lo mismo: del costo que le imponemos a la economía cuando dejamos talento fuera.
Lo que decidamos hoy —en materia de educación, cuidados, capital, gobernanza e inversión intergeneracional— determinará si en 2040, cuando se cierre nuestro bono demográfico, habremos aprovechado la oportunidad o la habremos desperdiciado.
La tecnología por sí sola no va a resolver la desigualdad. Pero bien orientada, puede darles a millones de mujeres la posibilidad de crear, competir y decidir en condiciones que antes no existían. Eso es lo que queremos construir. Y ese trabajo no empieza el 8 de marzo. Ya empezó.
Con agradecimiento a todas las líderes que hicieron posibles estos días:
Alejandra Latapí Renner (IWF México) · Mohan Virdee (Markets Media Group) · Michelle Ferrari (WEF Iberoamérica) · Daphne Cuevas (Secretaría de las Mujeres, CDMX) · Irene Espinosa (exsubgobernadora, Banxico) · Nicole Reich (BNP Paribas Cardif México) · Patricia Armendáriz (Financiera Sustentable) · Patricia Kelly (BRITCHAM) · Blanca Estela Pérez (CCE/CONCAMIN) · Rosario Marín (WEF Iberoamérica, USA) · Valerie Aguirre (WEF Iberoamérica) · Isabel Ortiz (AMMJE) · Martha Delgado (APCO) · Rosalía Ortega (Colegio de Contadores) · Lourdes Colinas (ONU Mujeres México) · Tania Mijares (Pacto Global México) · Alejandra Lagunes (Alianza Nacional de IA) · Jimena Tolama (Bloomberg Línea) · María de Lourdes Martínez Villaseñor (Sociedad Mexicana de IA) · Lorenza Lanz (Mujeres en Tech) · Itzul Girón (Celestial Dynamics) · Ingrid Castillo · Jimena Pardo · Bárbara Aguilar · Diego Santos · María Elena Esparza (OLA Violeta) · Jenny Sherem Serur (Instituto de Promoción Turística, CDMX) · Carla Estrada · Salvador Guerrero (C5, CDMX).


