El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció el despliegue de una misión internacional para escoltar buques comerciales y gradualmente reabrir el Estrecho de Ormuz, cerrado por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Francia coordina esta iniciativa con países europeos y no europeos, según explicó Macron en Chipre, donde visitó el portaaviones Charles de Gaulle tras una serie de ataques con drones en la región.
El plan prevé el envío de una docena de buques de guerra, incluyendo el grupo de ataque con portaaviones y dos portahelicópteros, al Mediterráneo, el Mar Rojo y, potencialmente, el Estrecho de Ormuz. El objetivo declarado es garantizar la libertad de navegación y la seguridad marítima, en especial para petroleros y portacontenedores que transitan por esta vía que concentra cerca del 20% del comercio mundial de petróleo.
La operación, definida por Macron como “puramente defensiva”, comenzará tan pronto como termine la fase más intensa de los combates en Oriente Medio. La crisis ha provocado el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz y el alza del precio del petróleo, que superó los 100 dólares por barril, impulsando a los países del G7 a discutir posibles medidas para estabilizar el mercado energético.
La decisión se tomó tras el ataque de un dron Shahed a la base aérea británica de Akrotiri en Chipre, el primer incidente de este tipo en territorio europeo desde el inicio de la guerra. Macron manifestó su solidaridad con el presidente chipriota Nikos Christodoulides y el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis, subrayando que “cuando se ataca a Chipre, se ataca a Europa”. La fragata francesa Languedoc fue enviada a patrullar aguas frente a Chipre, reforzando las defensas antidrón y antimisiles ya desplegadas por Francia y el Reino Unido.
En paralelo, Grecia desplegó cuatro aviones F-16 y sus fragatas Kimon y Psara en la zona, con la misión de interceptar misiles y drones. Christodoulides aclaró que Chipre no participará en acciones militares, enfocándose en su papel humanitario con el corredor marítimo de ayuda a Gaza.
La situación en Oriente Medio ha marginado a las potencias europeas, que buscan ahora defender sus intereses energéticos y comerciales. Macron insistió en que la postura francesa es estrictamente defensiva y orientada a evitar una escalada mayor. Advirtió que la reapertura del Estrecho de Ormuz depende de la reducción de las hostilidades y de la reconstrucción de la infraestructura energética, un proceso que, según analistas del sector, será lento y mantendrá los precios elevados durante semanas o meses.
La reacción iraní no se hizo esperar. El alto funcionario de seguridad Ali Larijani desestimó la posibilidad de que se restablezca la seguridad en el Estrecho de Ormuz mientras persista el conflicto, y criticó los planes impulsados por actores ajenos a la región.
Mientras tanto, el ataque con drones del 2 de marzo en Chipre fue atribuido al grupo armado Hezbolá, respaldado por Irán y con base en Líbano. El gobierno libanés, por su parte, condenó el incidente y prometió actuar contra los grupos no estatales responsables.
El ministro francés de Finanzas, Roland Lescure, confirmó que los países del G7 están dispuestos a utilizar herramientas extraordinarias, incluida la liberación de reservas de petróleo, para estabilizar el mercado si fuera necesario.
(Con información de AFP y Reuters)


