París, Francia.– Solo las cabezas y los rostros quedaron liberados de esa sucesión infinita de números que se proyecta contra el fondo. El efecto remite al tan vilipendiado algoritmo, que se define como “secuencia ordenada, finita y definida de instrucciones o reglas paso a paso, diseñada para resolver un problema específico, realizar una tarea o calcular una función”. Sentimos su omnipresencia, su opresión y su capacidad para leernos, adivinarnos y hasta anticiparse a aquello que ni siquiera sabemos que deseamos. Sin embargo, actúa como una receta a la que, mal que nos pese, nosotros le suministramos los ingredientes. Y tal vez eso sea lo que tanto irrita, que en realidad seamos tan previsibles. En esta imagen, las modelos presentan una colección en un desfile durante la Semana de la Moda en París, para que adoptemos lo que se usa y nos uniformemos. Y exhibamos la obviedad del algoritmo que todos llevamos dentro.

