Gilberto Gil dio un show de más de dos horas y media en el Movistar ArenaGilberto Gil dio un show de más de dos horas y media en el Movistar Arena

Gilberto Gil, el rey del Brasil que se despidió definitivamente de Buenos Aires

2026/03/12 13:08
Lectura de 5 min
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Tempo Rei. Tour de conciertos de despedida de Gilberto Gil. Músicos: Rafael Dragaud (dirección artística), Bem Gil y José Gil (dirección musical), João Gil (guitarra y bajo), Nara Gil (voz), Mariá Pinkusfeld (voz), Diogo Gomes (vientos), Thiago Oliveira (vientos), Marlon Sette (vientos), Danilo Andrade (teclados), Leonardo Reis (percusión), Gustavo Di Dalva (percusión), Mestrinho (acordeón) y cuarteto de cuerdas. Sala y función: el miércoles 11 de marzo, en el Movistar Arena. Nuestra opinión: Muy Bueno.

Subo a este escenario y mi alma huele a talco, como la cola de un bebé. / A mi aura clara, solo los clarividentes la pueden ver/ Traigo a mi banda, solo los que sepan dónde está Luanda, sabrán darle valor/ Vale cuánto pesa para el que valora, el sonido loco del tambor”.

Si las casualidades no existen, esto es parte de esa regla. No es casual que “Palco” haya sonado en la apertura de este concierto que Gilberto Gil vino a dar a Buenos Aires. En español, palco significa escenario y la canción cuenta lo que le pasa al protagonista cada vez que sube a uno y se planta frente al público. Y lo que cuenta la leyenda es que Gil la escribió y publicó en su disco de 1981 Luar pensando en que, por ese tiempo, no tenía nada demasiado novedoso para ofrecer. Y, acaso, aquella era una especie de retirada, su manera de abandonar la música.

Gilberto, un coloso de la música del Brasil que se despide de los escenarios

Pasaron unos 45 años desde entonces y el público pudo disfrutar de un artista que se hacía pleno en la maduración de un estilo, de su inspiración y de sus ideas. Y si bien muchos (quizá la mayoría de sus fans) recuerden con más cariño títulos como “Toda menina bahiana” (esa que reservó como bis de concierto), el hecho artístico que completa a Gil es, justamente, la suma de todas las experiencias. La fuerza de su juventud, el toque iconoclasta del tropicalismo, sus sociedades con colegas que son los más talentoso del Brasil y las horas de vuelo que hicieron de él un hombre de la cultura de su país, con pensamiento político y social; crítico.

Porque, en definitiva, su trabajo contempla desde las melodías pegadizas y los ritmos alegres que estimulan a mover el pie o, incluso, al baile, hasta la reflexión que convierte a la canción en arte político sin gestos tan evidentes como el de la canción testimonial o la panfletaria.

Minutos antes de que comenzara a sonar aquella canción que describía su experiencia sobre el escenario, a las 21 en punto el público lo había recibido de pie, con los brazos en alto y una ovación. Estaba vez sí, es el momento. Tempo Rei es el título de su gira de despedida. Y, en cierto punto, el tiempo es una trampa que quizá use a su favor. Porque sus joviales 83 le permiten ponerlo en contexto.

Gilberto Gil, acompañado por una gran orquesta

En las pantallas las imágenes recorrían su vida, sin símbolos de infinito, sino en espirales de tiempo. “Tempo Rei” (la canción) también estuvo entre las primeras y, desde entonces, algunos guiños comenzaron a asomar con cada verso, con cada imagen.

Los guiños eran para Dominguinhos con “Eu so quero un xodó”; para Bob Marley, con “No Woman, No Cry” (en portugués); para Chico Buarque, con “Cálice”, esa que compartieron a principios de los setenta. Como todo arte que busca las grietas para emerger en los tiempos más duros, “Cálice” no solo hablaba de un cáliz sino de censura, eso que retumba cuando la palabra suena en portugués (cállese) y que se sentía en esos años de dictadura brasileña.

“Qué placer enorme es estar acá con vos, una vez más en Buenos Aires”, fueron sus primeras palabras no cantadas. Una docena y media de músicos lo acompañaban sobre el escenario, en esta gira de despedida. La musicalidad del grupo es de una elegancia sublime en todos los paisajes sonoros del Brasil. Son esos paisajes que Gil ha evocado para ponerse frente al espejo, llegado el momento de elegir unas 30 canciones con las que se sintió absolutamente representado para este propósito de pasar a retiro.

Más de dos horas y media de show. Las secciones de vientos, de coros y de cuerdas le dieron al concierto porteño las pinceladas precisas de lo que necesitaba cada pieza. Las procesiones, un domingo en el parque que termina en tragedia, la vuela a San Salvador (“Back in Bahia”) tras el exilio, la favela resignificada luego de un viaje de Gil a África, cuando viajo para un festival de cultura negra. También tuvieron los toques justos el reggae (“Vamos fungir”, “Nos barracos da cidade”, “A novidade”) y el rock (Punk da periferia”).

De allí, Gil y su tripulación pasaron a los momentos intimistas (“Si eu quizer falar com Deus”) para luego volver a tomar impulso con otras canciones de su repertorio que no podían faltar: “Estrela”, “Esotérico”, “Andar com fé” y esa minina de Bahia que cerró su concierto en el Movistar Arena porteño.

Charly García visitó a Gilberto Gil antes del show que el brasileño dio en Buenos Aires

Su banda -en realidad, su orquesta- se adapta a todos los terrenos. Y es una familia. Porque hay hijos y nietos en sus filas, que se encargan de poner en marcha la maquinaria para que el gran Gil se despida a lo grande.

“Consideré muchos elementos antes de decidirme a realizar una gira final. Reflexioné sobre el mercado musical y las exigencias físicas de los grandes espectáculos. Quiero seguir haciendo música a otro ritmo, pero antes tendremos esta hermosa celebración junto al público y mi familia. Transformar las viejas formas de vivir”, decía en un texto que publicó antes de salir a la ruta. Y lo cierto es que la despedida que pretendía hacer está perfectamente representada en esta gira. El público se lo agradeció con grandes ovaciones y Charly García, en bambalinas, con un enorme abrazo.

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