Nada es más poderoso que una mente que se ha preparado para todo. Séneca
Nada de sobresaltos, menos aún preparación para desenlaces diferentes, porque la secuencia de las mismas prácticas políticas, entre el discurso y la realidad a la cual se abstraen, lleva consecuencias en un mismo sentido, con las salvedades al margen de la realidad.
Mientras la oposición ha desaparecido, o solo plantea el reagrupamiento de tres partidos para la contienda electoral en 2027, donde el tricolor puede desaparecer del espectro nacional, con candidatos que no representan a ese pueblo que camina horas para llegar a sus centros de trabajo, por poner un solo ejemplo.
El gobierno en turno en lo federal envía pequeñas señales de imposiciones, para mantener una unidad que se nota a leguas se ha roto, porque Claudia Sheinabum continúa y continuará haciendo movimientos en el tablero de un gabinete eminentemente de López Obrador.
Lo mismo en el movimiento, que el sábado pasado sesionó, y donde el nepotismo ha sentado sus reales, con el hijo, el junior del expresidente, agazapado, queriendo vender ahora una imagen de madurez, después del desgaste brutal de sus excesos en los viajes al extranjero, porque no todo es mediático.
Nadie muere hoy de soledad o de melancolía, la política se ha maquillado a lo largo de las décadas recientes en México, entre el escandalo y la focalización de las trivialidades, para que los “mortales”, hagamos platica, charla de lo posible, contradicciones al unísono, porque no hay más guillotinas sin concesiones.
Adán Ausguto es la prueba más notoria que Morena no va a cambiar ni el discurso, ni sus prácticas copiadas del pasado, perdonando, acomodando, y además infiriendo que es el rumor solamente, y que no hay pruebas para juzgar a los posibles culpables del endeudamiento del país, de la aniquilación de la esperanza y la preocupación enorme de la presidenta porque se acaban los dineros para los programas sociales.
La realidad que bien millones de mexicanos, no está centrada hoy en quienes resultarán de las tómbolas ridículas y las encuestas truqueadas, para dar como resultante posiciones a modo, a los grupos al interior de un movimiento, que se ha alimentado más de petistas, perredistas, panistas y priistas en fuga, por falta de poder y de dinero, esa es una obviedad.
Los estados donde habrá elecciones para gobernador, alcaldes y congresos locales, están dominados por los denominados “virreyes”, mandatarios estatales con todo el poder y el dinero para inclinar la balanza electoral, a favor de los de casa o “negociar” con los contarios para cubrir sus incapacidades y excesos en el uso discrecional de los presupuestos públicos de seis años.
Creerle o no a Luisa María Alcalde o a Gerardo Fernández Noroña es una ociosidad, una pérdida de tiempo, lo mismo que al camaleónico Alfonso Durazo, integrante de al menos cuatro partidos políticos antes de recalar por intereses personales en Morena, o como Ricardo Monreal, con una familia en poder desde siempre.
Del hijo del presidente poco o nada se puede afirmar, especulaciones, rumores, y ese nepotismo galopante que no lo frena el discurso sabatino de unidad.
ENTRE LÍNEAS
Nada justifica la violencia o los excesos en las manifestaciones de ayer domingo en varias ciudades del país, en ese 8M que debe ser un parteaguas, entre atender a las víctimas o entender el grado de descomposición social que vivimos; criticar es lo cómodo de uno u otro lado.

